Su Alteza Real, Príncipe de Asturias, Distinguidos miembros del Jurado, Señoras y Señores,

   Quisiera comenzar felicitando, como es natural, a los premiados, D. Vicente Cuñat y Dª María Guadalupe, por el gran trabajo que han realizado y por su importante contribución a un área de tanto interés como la gestión de los incentivos dentro de las empresas.

   Quisiera, también, dar mi más sincero agradecimiento al Jurado de este prestigioso Premio por su esfuerzo en la promoción de los trabajos relacionados con lo que los economistas llamamos Corporate Finance. Gracias a su impagable labor es hoy posible dar continuidad al espíritu del trabajo del que supo hacer gala D. Jaime Fernández de Araoz, quien con su entusiasmo y dedicación contribuyó sin duda al buen devenir del sector financiero español.

   El tema del trabajo que hoy ha resultado premiado versa sobre un asunto de vital interés, no sólo para los economistas, sino para cualquier observador de la realidad social, como es la gestión de los incentivos dentro de la empresa en un mundo cada vez más globalizado. Todos conocemos, por ejemplo, el interés suscitado hace tan sólo unos años por algunas figuras de incentivo salarial como los bonus o las opciones sobre acciones, como medio para alinear los objetivos de los trabajadores con el éxito en el desempeño empresarial.

   La globalización a la que hemos asistido en las últimas décadas abre indudablemente un sinfín de oportunidades para el sector empresarial, por cuanto presenta  a las compañías un amplio abanico de nuevos mercados en los que ofrecer sus productos.

   Pero, al mismo tiempo, la internacionalización de la actividad empresarial viene de la mano de una mayor presencia de empresas internacionales en los mercados domésticos. Esta mayor competencia obliga a una gestión más eficiente de los entramados empresariales con el fin de hacer un mayor y mejor aprovechamiento de las ventajas competitivas. El resultado de todo ello es claramente beneficioso para los consumidores y se concreta en forma de productos de mayor calidad, con una mayor variedad y a  precios cada vez más alineados con los costes.

   Por ello, uno de los fines de la estrategia de política económica deber ser, como así ha ocurrido, lograr que la apertura de los mercados españoles se traduzca en un incremento de la competencia que permita aprovechar las ventajas dinámicas del comercio internacional y de la presencia de empresas internacionales en los mercados domésticos.

   Al mismo tiempo, se viene buscando dotar a la economía de herramientas adecuadas en materia de fomento de la innovación y de la formación de capital humano, con las que competir con éxito en el mundo global.

   España se ha configurado en los últimos años como un gran actor dentro del panorama mundial. Son cada vez más las empresas españolas que compiten en sectores de alto valor añadido y elevados niveles de especificación. Las cifras son elocuentes: según los últimos datos de la Oficina de Estadística de la Unión Europea, en el año 2006 España fue el principal acto en materia de Inversión Extranjera Directa hacia otros países de la Unión Europea a 27.

   Además, España sigue siendo un destino de gran interés para la recepción de Inversión procedente de otros países, canal que permite la incorporación de nueva tecnología a los procesos productivos nacionales, al tiempo que, mediante una mayor presencia de empresas en la industria, obliga a hacer una gestión más eficiente de los recursos físicos y humanos en beneficio de los consumidores finales.

   Sin duda, el atractivo de España para los inversores internacionales reside en el gran potencial de la economía española en los años venideros, tal y como pone de manifiesto su más reciente quehacer, con tasas de crecimiento sensiblemente por encima de nuestros socios de la eurozona y con un entorno de estabilidad macroeconómica que incentiva las inversiones.

   El reto de la política económica es seguir promoviendo esa internacionalización y, al mismo tiempo, que los beneficios de esa apertura los mercados mundiales se repartan de manera equilibrada entre los ciudadanos.

   En ello, sin duda, contribuirán trabajos como el de los autores hoy premiados, a los que quisiera reiterar mi más sincera felicitación, que hago extensible, otra vez a los organizadores del premio. Gracias a estas líneas de investigación es posible un mejor entendimiento de los hechos económicos y su repercusión sobre el bienestar de los ciudadanos.

Muchas gracias.

Acto de entrega de la II Edición del Premio "Jaime Fernández de Araoz sobre Corporate Finance".

Intervención del Secretario de Estado de Economía y Hacienda, Excmo. Sr. D. David Vegara.
Madrid, 29 de mayo de 2007